Uno Por Otro

A veces creemos que tenemos el tiempo y las ganas para preocuparnos por lo ajeno, y lo hacemos. Pero descuidamos lo propio, porque no queda más tiempo ni energía.

Por otro lado, si nos dedicamos a nosotros, invertimos lo que tenemos en ello; y, al no tener más para lo ajeno, lo postergamos. Lo olvidamos. Nos hacemos los locos. ¡Qué bonito!

Puede que no exista el tiempo suficiente, o puede que sí, pero que necesitemos llegar a un equilibrio. Utópico.

Tal vez lo ideal sea que uno se preocupe por otro, y otro por uno. Sería como si importaran ambos. Como si todos pesaran (jaaa!). Es algo como lo que dijo Jesús: “Que nos amemos los unos a los otros, así como Él nos amó”. O mejor cuando dijo: “Ama a tu prójimo (en este caso, a tu otro), como a ti mismo”. Ahí tá! Ésa era!
Pero también puede que alguien considere como ideal que cada uno se preocupara por sí mismo y se olvide de cada otro. Puede ser, pero… ¡Qué Aburrida, Individual Y Colectiva Catástrofe!

No se sabe lo que nos ofrecen, lo que tenemos (o sí se sabe, pero no se aprecia), ¿hasta cuándo?, el dicho confiesa: “Hasta que lo perdemos”. Pero es que tan trágico no se debe ser, que la vida no es tan negra y peluda. Podemos arreglarlo y decir que “No se sabe lo que se tiene a la mano hasta que alguien escribe un post para jalarte las orejas y decirte: ‘Tú no más no juegas, Pezweon.’ “

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