Una Guerra Civil Distinta

En un lugar no tan remoto, donde gobierna el Cerebro, basándose en la experiencia, el sentido común y la razón, habita el Corazón, harto de la manera en que la autoridad dirige el país, sin tener en cuenta la opinión ni voluntad de sus súbditos.

Un buen (¿o mal?) día, el Corazón estuvo hasta el ventrículo derecho de tanta injusticia y se rebeló. Apoyado por un ejército de sustancias químicas dio Golpe de Cerebro, comenzando una feroz Guerra Civil.

Buscó alianzas con otros que sentían igual, obteniendo la lealtad del Estómago, los Ojos y la Boca. Todos ponían de sí para ganar la guerra: el Estómago dio asilo a decenas de capullos, los Ojos brillaban y buscaban un aliado extranjero y la Boca sonreía y hablaba acerca de sus convicciones… Todos unidos luchaban, decía, por aquello que consideraban justo.

No obstante, el Cerebro se mantenía firme, apoyado por las Fuerzas de la Razón y los Pactos del Sentido Común. Se habían atrincherado tan valientemente, según ellos protegiendo al país de los males que podría conllevar un gobierno dirigido por el Corazón, que nada dentro de los límites territoriales del país vencería al gobernante actual.

El Cerebro tenía buenas intenciones para con el país que gobernaba; pero era autoritario y prejuicioso. Sabía que en algún momento tendría que pactar algún tipo de acuerdo con un extranjero, pero retrasaba la ocasión, juzgando a quienes postulaban mediante opiniones de terceros, sin darles oportunidad alguna de mostrarse y presentarse al Corazón. Porque sí, el Corazón es el encargado de sellar los acuerdos con el exterior, previa evaluación por parte del Cerebro.

Lo que es lógico pensar es que el gobernante de turno no quería traspasar el poder al Corazón, que sería el encargado una vez se acuerde el convenio. Sabía, basándose nuevamente en la experiencia, que el Corazón se equivocaría y no quería que el país sufriera las consecuencias.

Todo indicaba que el Cerebro ganaría la guerra, sin embargo, un buen (¿o mal?) día, llegó ayuda del exterior. Ya sabrán que siempre hay un extranjero entrometido, que busca tener que ver en los asuntos ajenos (Coge ese pañuelo, EEUU); pues bien, se fijó en la situación del país de este relato y se alió al Corazón, fortaleciendo el ejército con sus propias sustancias químicas e interactuando con quienes apoyaban la rebelión. El Estómago, con su ayuda, pudo alojar muchas mariposas, los Ojos no se cansaban de mirarlo y la Boca, de sonreírle y hablarle.

Contra todo pronóstico, consiguieron más apoyo por parte del interior. Partidos que inicialmente se habían mostrado reacios a un gobierno del Corazón ahora se ponían de su lado: los Pulmones colaboraron suspirando; las Piernas, flaqueando; los Oídos, escuchando exclusivamente los consejos del extranjero; la Nariz,  registrando sus aromas… Otros partidos no tan conocidos ni tan rimbombantes también apoyaban a su manera.

El Cerebro había perdido la guerra y el nuevo gobernante subió al poder. Todo era esperanza y amor en el país, y a sus habitantes no les importó que el extranjero que les había ayudado durante el enfrentamiento no retire sus tropas del lugar. Confiaban en el Corazón y creían que, siquiera esta vez, sabía lo que hacía.

Sanguíneo como es, se creyó el rey del mundo y dio rienda suelta a su instinto, firmando un convenio con el extranjero y confiando plenamente en él. En otras palabras, firmó un Tratado de Libre Comercio, sin leer el contrato.

El extranjero, tras esto, se declaró dueño y señor del país; lo hizo su colonia, tomó como suya toda la materia prima que encontró (principalmente, sueños e ilusiones de distintos calibres) e hirió de muerte al nuevo gobernante; no le serviría para nada, pero lo consideraría un trofeo.

Luego, huyó.

El país estaba destrozado, desesperado, las células no se veían gobernadas por partidos como el Hígado o el Bazo, así que acudieron al Cerebro y le pidieron que volviese al poder, que curara al Corazón y que pusiera orden nuevamente.

El Cerebro, consecuente y buscando lo mejor para el país donde vivía, regresó al mando y con la colaboración, otra vez, de las Fuerzas de la Razón, reconstruyó el lugar en ruinas y  se encargó de recuperar o replantear los recursos que antes había logrado hasta exportar y hoy le hacían falta: risas, ilusiones,  fuerzas , sueños, besos y tantos otros. Además brindó asistencia al Corazón.

 ¿Ya ves lo que te pasa por mamey? – le preguntó, sin esperar respuesta.


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  • Por eso el corazón debe a aprender a perseguir sueños correctos, y no dejarse corromper por lo que dice la corriente.

    Aganle caso a Diosito, 
    Prov 4:23 Por encima de todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.

    • ¡Oigan! Nunca vi estos comentarios. Pues sí; el cerebro es el… mmm… vendría a ser el que le pone el pare al corazón. Un momento, si para al corazón, no hay historia.

  • Por eso el corazón debe a aprender a perseguir sueños correctos, y no dejarse corromper por lo que dice la corriente.

    Aganle caso a Diosito, 
    Prov 4:23 Por encima de todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.

    • mariepizzer

      ¡Oigan! Nunca vi estos comentarios. Pues sí; el cerebro es el… mmm… vendría a ser el que le pone el pare al corazón. Un momento, si para al corazón, no hay historia.

  • Anónimo

    como dije en un twit anterior, es siempre bueno hacer caso a los otros órganos pero un poquito más al cerebro, xq los demás se dejan llevar por el momento y no ven las consecuencias, no preveen. Ya ves mamey!!! xD

    • Sí, exacto. Ése es mi punto (entre los muchos expuestos): “El corazón es un vago”.

  • como dije en un twit anterior, es siempre bueno hacer caso a los otros órganos pero un poquito más al cerebro, xq los demás se dejan llevar por el momento y no ven las consecuencias, no preveen. Ya ves mamey!!! xD

    • mariepizzer

      Sí, exacto. Ése es mi punto (entre los muchos expuestos): “El corazón es un vago”.