Escucho

Te he venido suponiendo en todos los días que me faltan, tal cual si pudiera verlos como son. Sólo quiero resumirte que, al principio, te pensaba; y, hoy, contemplo en ti la costa a donde voy.
Si te cuento que esta unión de dulce y sal me sujetó; y otras cosas parecidas que me envuelven y me dan de imaginar, ¡y es que me deleito tanto escuchándote inventarte en mi prisión! Es mi sueño preferido. Y no quisiera un día notar que ese encuentro no me sucedió jamás.

A mí, que vuelvo a amanecer para tu aliento, muchas más veces de las que hubiera confesado ayer. Y despido al sol poniente, cuando he contemplado el siempre de tus ojos, y por fin comienzo a ver.

Estoy dejando de callar que te amo, que me detienes la respiración, que atraen mi vida tus puertos tiranos, a donde siempre apuntó mi amante embarcación.

Mi existencia: el pescador, que a diario, le tendió a vida sus resplandecientes redes de ultramar, donde arde el astro poeta que se ilumina a sí mismo y viaja y sueña, en su eterna y senda ciudad. Lugar de brisa, oleaje y días añiles que siempre estaban conduciendo a ti, que siempre fueron signos invisibles, muchos intrazables a través de mí.

Toma el timón de mi barca y el oriente de mis velas, en tu tierra firme dame una señal. Sé mi faro por las noches, déjame arar con mi quilla en tus arenas, remontar tu manantial. Si aguas adentro en tus labios me pierdo, no me es posible llegar a volver, me internaré en tus senderos secretos, a explorar tus fuentes, tus selvas, tu sed.

Entre pairos y derivas, por los mares de mi vida, hoy me veo siempre bogando a ti.

Generalmente no escucho lo que oigo. Por ejemplo, las canciones. Es una lástima, porque muchas de ellas tienen algo qué decir.

También me pasa con lo que las personas me dicen; las oigo, les respondo, río, lloro o reniego con sus palabras. Todo, pero no las escucho. Quiero decir; no inmediatamente. Si tengo el tiempo, el interés, las ganas, si “concuerda la vibración de la atmósfera y la conjunción del tiempo y lugar… “, puede que después de unas horas, lo recuerde y lo analice al cansancio. Si no pasa todo eso, ato sus frases a un baúl, lleno con las consecuencias que puede traer lo que dijeron y lo lanzo al mar. Y a volar paloma (¿?).

La canción de arriba es una de mis favoritas 🙂 y lo descubrí hoy, mientras la oía por 789465ª vez. Me quedé mirando al monitor muy de cerca, no sé por qué, pero así pasa cuando sucede; y cuando sólo vi luces brillantes, me di cuenta de que estaba ESCUCHANDO la canción. Es hermosa. ¡Vuelve a leerla! Es una de esas con las que uno sueña que le canten.

Creo que esto (el no escuchar y sólo oír) radica en que no espero captar algo que tenga sentido (Por ejemplo las canciones [o sea las que no tienen algo qué decir] {Las otras (como la que puse arriba), no}). Muchas veces me maravillo cuando analizo algo y me doy cuenta de que no es zoncera. O sea, ay no sé (Eso fue una zoncera, por ejemplo [Es que hay que ser didáctica]). Hay gente que verdaderamente piensa lo que dice, y eso es para asombrarse.

Ehm… Pero no todo lo que llego a escuchar es así de hermoso, asombroso o lo que sea. ¡Válgame Dios! ¡Hay cosas… que ni qué! [Cosas: Frases, más canciones, palabras sueltas, gestos, mensajes ocultos] Es decir, equis equis.

Conclusión: Si tienen algo qué decirme, ¡díganmelo en la cara! ¡Sí! … Pero díganmelo dos veces.

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